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Vivienda, mujer y revolución




En el libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”, Federico Engels, hace un profundo análisis de la sociedad desde su origen y explica cómo es que el surgimiento de la propiedad privada está ligado con las formas en que un sector de la sociedad domina a otro, siendo estas formas siempre violentas, por lo cual debe recurrir a un destacamento de hombres armados que garanticen ese régimen de propiedad, a ello se le ha denominado Estado. La propiedad privada no sólo provocó el surgimiento de esta institución represiva, sino también otra más pequeña, pero igual de violenta: la familia. Es decir, para garantizar la continuidad de ese grupo dominante, fue necesario heredar la propiedad que lo fundamentaba, eso se hizo a través de una célula económica más pequeña, tomando el lazo sanguíneo como el medio de transmisión de esa propiedad. El rol de la mujer fue entonces el de la crianza de los herederos. La familia es pues, en esencia, un órgano de represión a la mujer. Si se continua el análisis de la sociedad desde una perspectiva marxista, se podrán vislumbrar las diversas formas que ha tenido esta institución en los distintos estadios históricos, los cuales se distinguen unos de otros por la forma en que la sociedad produce sus medios de subsistencia, a lo que Marx llamó como “modo de producción”, definiendo así el modo de producción esclavista, el feudalista, el capitalista y como último el socialista para llegar a una sociedad sin clases sociales, es decir sin Estado: el Comunismo.

Si bien, la familia en el capitalismo continua con el mismo papel de proteger y traspasar la propiedad privada de una generación a otra, la forma de asegurar que los herederos pertenecen a un linaje en particular se hizo imponiendo la monogamia a través de la institucionalización del matrimonio, con ello la mujer misma pasó a ser propiedad del hombre, y no sólo eso, sino que también se institucionalizó la “heterosexualidad”. Si bien, la mujer vive una opresión constante, en una sociedad dividida en clases sociales, una mujer trabajadora vive una doble opresión, si es indígena una triple, si es negra una más, inmigrante otra más y así se abre el abanico de opresiones que vive.  Al haberse institucionalizado la sexualidad, los gays, lesbianas, trans, etc, también viven diversas opresiones porque son en sí mismas antagónicas a la familia burguesa.

El espacio en donde se desarrolla la vida familiar es el doméstico. Ahí se obliga a la mujer a realizar las tareas que garanticen la continuidad de su papel de criar a los herederos de la propiedad privada. Con el trabajo doméstico se reduce a la mujer al estatus de esclava moderna. Al ser la familia el elemento base de opresión de la mujer, el marxismo revolucionario plantea la desaparición de dicha institución. Para ello, expone los elementos característicos de esta opresión: el matrimonio, el trabajo doméstico y la crianza de los hijos. Luchar contra ello plantea su antítesis: la unión libre, la socialización del trabajo doméstico, y la integración de la mujer a las tareas de la producción social y de la esfera pública, para que con ello salga del espacio doméstico y se libere de esas tareas que no le son naturales, sino impuestas desde el surgimiento de la propiedad privada. Trotsky declaraba al respecto que si las labores como el lavado las hiciera una lavandería pública, el de la alimentación fuera realizado por restaurantes públicos, etc., y así las labores domésticas se socializaran, “el lazo entre marido y mujer sería liberado de todo factor externo y accidental”. Despojando a la familia de sus funciones sociales dejaría de tener sentido su existencia y en su lugar quedarían individuos autónomos, libres e iguales para “elegir a sus compañeros sobre la base del amor y el respeto mutuo”.

Si en el capitalismo la existencia de la familia es crucial para su continuidad, en el socialismo es la extinción de la familia lo fundamental para la emancipación de mujeres y hombres en conjunto, y la extinción del estado, el grado superior que daría paso a un nuevo episodio histórico: el comunismo. Se entiende entonces que el modo de producción socialista, es decir el de la socialización de los medios de producción y una economía planificada, se deberá ir transformando de un órgano defensor del orden de propiedad colectivo a un órgano meramente administrativo hasta que resulte inútil su existencia. Ello supone que para que el socialismo exista, tiene que basarse en una economía mundial, ya que esa economía planificada deberá operar en la riqueza material, por lo tanto, entre más regiones se integren a esta economía, más riqueza habrá y mejor funcionará dicho modo de producción, el capitalismo se basa en ello.

Esto es la teoría, la forma y el tiempo depende de las complejidades que la realidad presente. El intento más importante al respecto, y que a pesar de no haber llegado a concluirse dejó una basta enseñanza, fue la revolución rusa de 1917. Tras la victoria de los bolcheviques y la formación de un estado obrero para defender el nuevo orden de propiedad colectivo, se escribió la constitución y los códigos civiles más avanzados hasta la fecha, en los que se reconocía, por ejemplo, por primera vez el derecho de las mujeres a divorciarse si ellas lo pedían; se reconocía a los homosexuales como sujetos con los mismos derechos que todos los ciudadanos; se abolió la ilegitimidad de los hijos fuera del matrimonio; se prohibió la adopción con la intención de que el Estado se hiciera cargo del cuidado de los niños; se prohibió que el matrimonio creara propiedad compartida entre los cónyuges, para preservar a la mujer el control total de sus ingresos, al integrarla a las actividades productivas, públicas, culturales y políticas. Tras el estallido de la guerra civil, el retroceso que implicó la NEP (Nueva Política Económica) y la posterior degeneración burocrática del joven estado obrero, que finalizó con la renuncia a la revolución socialista mundial y la formulación de una teoría deforme que afirmaba construir el socialismo en un solo país, se echaron abajo varias ganancias en cuestión de derechos civiles, orillando a la sociedad a renunciar a la lucha por la extinción de la familia.

Como bien se sabe, la deformación burocrática del estado soviético terminó con purgas masivas de los viejos dirigentes del Partido Bolchevique y la expulsión de la U.R.S.S. de quien había sido líder junto con Lenin de la revolución obrera: León Trotsky. El VII Congreso de la Internacional, celebrado en 1935 fue crucial para definir la política a seguir de los Partidos Comunistas en el mundo. Esta política subordinó los procesos revolucionarios particulares de cada país, a la política de la burocracia estalinista. Con el crecimiento del fascismo, y tras la renuncia de la revolución socialista mundial, Stalin impuso una nueva política, que era organizar amplios frentes que frenaran el ascenso fascista y nazi. Ello obligó a llevar a cabo políticas de colaboración de clases entre obreros y burgueses “progresistas”, y con ello la subordinación de los intereses de la clase obrera en nombre de un interés “común”: la paz. La historia no perdonó aquel error, y es quizá el caso de España, uno de los más trágicos (no el único) a recordar, cuando la clase obrera pudo haber tomado el poder, pero su subordinación a la táctica del Frente Popular abrió la puerta a Franco después de la guerra civil.

La política a seguir de los Partidos Comunistas en Latinoamérica fue así la de integrar Frentes Populares Antiimperialistas. En el caso de México, el Partido Comunista salió de la clandestinidad durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Al principio, el PCM (Partido Comunista de México) tuvo una actitud crítica a Cárdenas; sin embargo, tras las resoluciones del VII Congreso de la Internacional, el PCM dio un giro de 180° y dio todo su apoyo al gobierno con el pretexto de que éste encabezaba la lucha contra el imperialismo. Si bien, el régimen de Cárdenas tenía un discurso “social” y aprovechó una oportunidad histórica que le brindó el umbral de una guerra mundial, expropiando la industria petrolera, no fue, de ninguna manera un gobierno “socialista”. Al integrar al movimiento obrero a la estructura orgánica del estado, Lázaro Cárdenas condenó a la clase obrera a una subordinación tal, que aún en la actualidad se pueden ver sus estragos, por ejemplo, el que no haya habido una huelga general (de varios sectores industriales) desde ese periodo presidencial hasta la fecha. A esta incorporación se le llama corporativismo, y fue inspirado en la Carta del Lavoro que implementara Mussolini en 1927 en Italia.

Pues bien, al pertenecer al PCM, los arquitectos de la Unión de Arquitectos Socialistas como Enrique Yáñez, Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández tenían la obligación de apoyar y promover la política de su partido. Inspirados por la primera generación de arquitectos funcionalistas radicales como Juan Legarreta (muerto en un accidente carretero en 1934) y Juan O’Gorman (más inclinado a Trotsky que al PCM), este grupo de arquitectos tuvo una genuina motivación profesional por solucionar los problemas básicos que planteaba un país en construcción después de un episodio revolucionario, atrasado industrialmente y semicolonial. Al ser la vivienda una consigna democrática constante en las luchas obreras, este grupo de arquitectos proyectó una ciudad obrera en 1938. Lo interesante de ello, es que el contexto económico-social en el que está planteado el proyecto es en el de un régimen de propiedad colectivo, es decir, no capitalista, esto podría suponer en un México caracterizado como un estado obrero. Esta cualidad lo convierte en el proyecto más radical que se haya realizado en el marco de la modernidad arquitectónica mexicana. La razón de plantear un escenario así, fue quizá inocente, para “radicalizar” al gobierno cardenista en su política de vivienda, lo cual respondía perfectamente a la línea política del PCM, al pretender radicalizar a las organizaciones de masas del Frente Popular, en este caso en torno a Lázaro Cárdenas; sin embargo, la historia ha demostrado una y otra vez, que toda política de colaboración de clases termina por inclinarse del lado de la burguesía.

En el texto original que explica el proyecto, aparecido en la revista “Arquitectura y Decoración” No. 11, en septiembre de 1938, los autores Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández, reconocen la importancia de los trabajos de vivienda que le antecedieron, particularmente los de Juan Legarreta construidos en la colonia Aarón Sáenz y en la Plutarco Elías Calles en 1934 ambas. Sin embargo, reconocen “que no podrán nunca resolver totalmente el problema mientras imperen las bases económicas del sistema capitalista”. Legarreta mismo lo había considerado así, esto lo reconoce en la memoria descriptiva de su proyecto, cuando apenas formaba parte del concurso de la casa obrera mínima en 1932, así lo manifiesta: “Este proyecto no es más que una solución transitoria, mientras otros tiempos suceden”. Qué otros tiempos, podría preguntarse el ingenuo lector; más adelante se resolverá su duda.

El proyecto comprende dos escalas: la urbana y la arquitectónica. En cuanto a la urbana, los autores realizan una zonificación que comprende tres zonas:

1.       Industrial. La ubican en la zona de San Juan de Aragón.
2.      Obrera (habitacional). Comprende la zona de Vallejo hasta Azcapotzalco.
3.    De Cultivos. La zona limítrofe entre la alcaldía Azcapotzalco y Gustavo A. Madero con Tlalnepantla.

Es de interés que los autores hayan realizado análisis tan estricto de las actividades y los horarios de todos los sectores que integrarían la ciudad obrera, para determinar los flujos y el espacio requerido, las distancias y los recorridos.


La zona obrera, la cual contiene la zona habitacional y cívica, divide los usos de la siguiente manera:

1.       Centro Cívico.
2.      Escuelas.
3.      Comedores colectivos.
4.      Comercio de productos agrícolas.
5.      Comercio de productos elaborados.
6.      Terminales de camiones.

Aquí aparece un punto muy importante para la socialización del trabajo doméstico que es la inclusión de comedores colectivos.




La solución urbana es muy esquemática en este proyecto, lo único que se alcanza a distinguir son las orientaciones de los solares en donde se desplantan los edificios de viviendas, que corresponde a una orientación oriente-poniente. Al interior de esta zona, la conectan tres tipos de vías de forma ortogonal: las primarias cuya orientación es de oriente-poniente; las secundarias, que son perpendiculares a éstas con orientación norte-sur; y las terciarias, que son paralelas a las primarias. En general, las zonas públicas de gran escala, es decir, la cívica, comercial, escolar y de servicios se ubican todas en un extremo, mientras que la zona de transporte urbano se sitúa en el extremo opuesto, quedando así la zona habitacional en medio.



La zona de mayor interés y más trabajada es la habitacional. El proyecto comprende edificios de 6 niveles con una planta baja libre. Es el segundo proyecto multifamiliar en la historia de México, después de los que proyectara Juan O´Gorman 6 años atrás para el concurso de la casa obrera mínima organizado por el muestrario de la construcción moderna. Sin embargo, este proyecto resulta más radical porque responde a un contexto (imaginario) de un estado obrero, cuyo régimen de propiedad es completamente distinto: colectivo. Por ello, la disposición de los espacios al interior de estos edificios, refleja un momento transitorio para la desaparición de la institución familiar. Esto es fácil de reconocer porque cada planta arquitectónica está dividida de la siguiente manera: la zona de uso común, de servicios y de circulaciones se ubica en el centro; la habitacional en un extremo; y otra de dormitorios para niñas y niños por separado, que contiene una zona de vigilancia y control, la cual hay que cruzar para acceder o salir de dichos dormitorios.



Las habitaciones cuentan con una pequeña cocineta junto a la entrada, que por su reducido tamaño sólo permite la preparación de alimentos no sofisticados, quizá sólo para el desayuno y la cena, ya que no hay que olvidar, el proyecto cuenta con comedores públicos. La estancia se ubica al fondo, y tiene la cualidad de estar a doble altura, con ello, aunque el espacio sea pequeño, la amplitud resalta. Las escaleras para subir al nivel superior se encuentran en la misma estancia, por lo que el vacío puede ser visto desde las alturas. En el nivel superior se ubica una habitación y un baño. El espacio es pequeño, pero si se toma en cuenta que es para una pareja o para una sola persona, el espacio es más que suficiente. En el caso de que fuera para una pareja con hijos, las niñas y los niños duermen en otro espacio en el mismo edificio, bajo el cuidado de profesionales. Diez y siete años antes, V. Diushen, un pedagogo soviético, ya había realizado un proyecto a nivel urbano en el que promovía la construcción de viviendas donde ubicaba a los niños en pequeñas colonias dirigidas por “pedagogos especialmente calificados, y gobernadas por un soviet compuesto de niños, profesores y personal técnico”. Este tipo de proyectos, abrió una discusión que jamás se había dado en la historia moderna. No resulta difícil imaginarse la riqueza de opiniones vertidas en esas discusiones, mismas que no se han vuelto a dar. Alexander Goikhbarg, jurista autor del primer Código Familiar del estado obrero ruso, tenía la opinión de que la educación de los padres a los hijos fomentaba lo privado e irracional, y que esa educación necesitaba ser sustituida a través de profesionales de la educación. Aleksándra Kollontai, compartía esa misma opinión, decía que aunque los padres conservarían lazos emocionales con sus hijos, la sociedad se debía encargar de alimentarlos, criarlos y educarlos. A opinión de Zinaida Tettenborn, jurista soviética, la crianza del estado lejos de separar a los padres de sus hijos, permitiría que estuvieran más tiempo juntos porque sería un tiempo de calidad, ya que se daría en un horario destinado a ello, sin ningún tipo de distracciones; además, proponía un comité de crianza constituida por padres (hombres y mujeres) y los propios niños.





Cada edificio contaría con 30 habitaciones repartidas en seis niveles, aunque no debe olvidarse que cada habitación es de dos niveles, de modo que dos pisos equivalen a una vivienda. El total de camas en los dormitorios para niñas y niños sería de 60, repartidas equitativamente por sexo en cada nivel. El proyecto en general contaba con un área destinada para el desplante de estas viviendas, y otra en espera de una ampliación cuando fuera necesario. En la misma revista donde se publicó por primera vez este proyecto, hay un artículo que analiza las diferencias entre la casa agrupada (en varios niveles) y la casa aislada (unifamiliar). Desde los puntos de vista financiero, constructivo, administrativo, técnico, urbanístico y social, el articulista demostraba lo conveniente que era optar por un programa estatal de viviendas agrupadas; sin embargo, la realidad del país era otra por el atraso industrial resultado de siglos de dominio colonial. Tuvieron que pasar 9 años más para empezar a construir el primer conjunto multifamiliar en México, el Conjunto Urbano Miguel Alemán. Con la implementación de las recomendaciones económicas de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) a partir de los años cuarenta, periodo conocido como el del “Estado Benefactor”, se construyeron más conjuntos multifamiliares, sin embargo, siempre fueron insuficientes. Al final, ese sueño de que las condiciones materiales en el país cambiarían con la sustitución de importaciones, mostró su fracaso ante la débil y dependiente burguesía nacional. En los terrenos de la arquitectura y el urbanismo, este fracaso dio origen a grandes asentamientos irregulares, cuyas deplorables condiciones de vida evidenciaron las brechas sociales y la incapacidad del estado para resolver las demandas democráticas más elementales.



Si se compara con el extinto estado obrero deformado de la U.R.S.S., la situación resulta muy distinta. Al tener el suelo un régimen de propiedad colectivo, el costo de la vivienda no se veía afectado por el valor del suelo, ello mismo promovió construcciones verticales que ocuparan menos metros cuadrados, ya que el suelo carecía de valor de cambio, por lo que las personas ya no aspiraban a la adquisición de un terreno. Al separar el valor del suelo con la vivienda, el suelo se liberó de los lineamientos de un mercado y se destinó a lo público. Si se observa desde la plataforma GoogleEarth o Maps cualquier ciudad perteneciente a este estado obrero deformado, se podrán observar fácilmente las virtudes de un régimen de propiedad colectivo en el campo del urbanismo, pues las áreas verdes son bastantes y de gran tamaño. A pesar de la deformación burocrática en la U.R.S.S. y el retroceso que tuvo al renunciar a la revolución mundial, muchos logros obtenidos con la revolución obrera se mantuvieron, a pesar de la burocracia misma. Al final, sin embargo, se cumplieron las predicciones que hiciera Trotsky acerca de la falsedad de la construcción del socialismo en un solo país, y la burocracia le abrió las puertas a la contrarrevolución.

Actualmente el 70% de la vivienda construida en México es informal. Esta situación se comparte en toda América Latina. No ha habido en la historia algún cambio de rumbo, todas las políticas económicas han fracasado. Esto se debe a que la dependencia económica de estos países con respecto al imperialismo, impiden cualquier tipo de independencia económica en el marco del capitalismo, y éste no puede ni podrá ser reformado. Con la llegada del Covid 19, ha surgido la legítima preocupación de urbanistas y arquitectos por querer mejorar las condiciones de higiene de las grandes ciudades. Sin embargo, lo que ha demostrado el capitalismo es que todo plan urbano sede a la especulación inmobiliaria, al valor del suelo. La revolución bolchevique demostró que un país atrasado industrialmente puede llevar a cabo las tareas democráticas que el capitalismo no pudo resolver, como lo es la cuestión de la vivienda. Hablar de arquitectura no es sólo hablar de espacios, su aplicación conlleva siempre una reproducción de las relaciones sociales, de modo que si se quiere cambiar la arquitectura hace plantear la necesidad de cambiar las condiciones materiales de vida en general. Juan Legarreta decía que mientras otros tiempos suceden, todo proyecto será una solución transitoria, ¿queremos la misma arquitectura?



Bibliografía:

Engels, Federico, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Fundación Federico Engels, Madrid, 2006.

Goldman, Wendy Z., La mujer, el estado y la revolución, Ediciones IPS, Buenos Aires, 1993.

Granados Roldán, Luz María, Juan Legarreta. Un arquitecto radical, Tesis de licenciatura en arquitectura, México, Universidad Iberoamericana, 1987.

Márquez Soriano, Jesús Nazaret, “La Unión de Arquitectos Socialistas y su Proyecto de Ciudad Obrera (1938)”, Aacademia XXI, segunda época, año 10, núm. 20, México, UNAM diciembre 2019.

Revista Arquitectura y decoración, No. 11, septiembre, 1938, México

El Salón Bach: Bohemia y Arquitectura.



Era un martes 5 de abril de 1932, nada extraordinario sucedía en la ciudad de México. No fue sino hasta las 11 de la noche, cuando en el interior de una cantina ubicada en la planta baja de un edificio con el número 32 de la avenida Madero, una gresca se tornaba cada vez más violenta; en ella estaban involucrados los hermanos de origen español Ángel y José Peláez Villa y el reconocido trovador yucateco Guty Cárdenas. Se dice que una de las causas que desató aquella riña fue un juego de vencidas en donde el trovador se llevó la singular victoria (Gonzaga, 2007: 68). Al no soportar las burlas del vencedor, José Peláez estrelló una botella vacía sobre el rostro de Guty, quien en medio de la confusión y el asombro, sacó una pistola y disparó dos tiros hacia su oponente, siendo uno sólo el que diera en el blanco. La respuesta fue despiadada, José también sacó su revólver y disparó en ocho ocasiones hacia el trovador. El desenlace fue fatal: fueron cuatro los tiros que le dieron muerte al intérprete de “Chulos ojos” y “Ojos tristes”; de esta manera, Guty Cárdenas no miró la vida más.


El cuerpo de Guty Cárdenas en el Salón Bach el 5 de abril de 1932. 
Fuente: Archivo Casasola, Fototeca Nacional, INAH.



Bohemia

Fachada del Salón Bach. 
Fuente: Pérez Gay Rafael et al., Ciudad, sueño y memoria, México, Cal y Arena, 2013.

A decir de aquella cantina en donde se desarrolló este lóbrego incidente, fue el Salón Bach. Si bien, cambió su sede en algunas ocasiones, siempre fue en torno a la avenida San Francisco, hoy Madero. Por el Salón Bach desfilaron los escritores que sombríamente recibieran a la modernidad mexicana: los decadentistas. Estos escritores llevaban una vida bohemia y llena de excesos, en la cual la ciudad se convirtió en una protagonista más; sus estimuladas caminatas nocturnas y errabundas visitas a cantinas y burdeles así lo demostraron. En 1898, José E. Valenzuela y L’enfant terrible y malogrado Bernardo Couto Castillo, tan comparado con Arthur Rimbaud, fundaron la Revista Moderna (1898-1911), heredera de la Revista Azul y parteaguas de la literatura moderna en México, excelsamente ilustrada por Julio Ruelas. En ella brotaron los empalagosos versos de la poesía “dandiana”, afanosa y enamorada de la femme fatale como esa que escribiera Francisco M. Olaguíbel:

“No castas hermosuras ni rostros de princesa,             
ni ojos donde brille la luz de la ilusión.            
satánicas beldades, perfiles de faunesa,         
y trágicas pupilas de ángel en rebelión.         

No bocas ideales de sonrosada fresa
en donde tiemble el ósculo gentil de la pasión.              
Boca sensual y lúbrica que muerde cuando besa         
con labios encendidos, -flores de tentación-.  

Amores ardorosos, vibrantes y soberbios      
de donde brote el canto sonoro de los nervios,               
hechos de fibra y fósforo, de médula y de luz.               

Y sea nuestra musa como un súcubo pálido   
que ahogue nuestras vidas entre su abrazo cálido       
mientras sucumbe el Sueño clavado en una cruz.”

No resulta difícil imaginar a estos poetas en el Salón Bach, en plena estimulación brindando y declamando sus poesías entre salpicaduras de cerveza y gritos apasionados. Ciro B. Caballos recordará en sus memorias:

“Los poetas y literatos que formábamos la agrupación entonces modernista frecuentábamos noche a noche y día a día ese lugar. Allí trincábamos nuestros vasos de cerveza «blanca» color de ámbar o negra como líquida obsidiana, cuando estábamos de paz o disputábamos y reñíamos si los vientos que soplaban no eran los de la fraternidad y el amor.” (Ceballos, 2006: 71)

Por esos años el Bach se encontraba ubicado “enfrente de la doraduría de Claudio Pellandini […] en la avenida San Francisco” (Ceballos, 2006: 69), hoy la esquina de Madero y Bolívar. Iniciando la tercera década del siglo XX, cambiaría su sede al número 32 de Madero. Con el pasar de los años, los asiduos a esta cantina dejaron de ser aquellos escritores, su lugar lo ocuparon personajes de otra bohemia como cantantes y actores, ya que como bien señalara Héctor De Mauleón, para esos años la “poesía ya no estaba de moda, o no lo estaba, al menos, de la misma forma. La encargada de moldear ahora el paisaje sonoro de la urbe era una estación de radio: la XEW” (De Mauleón, 2015).

Arquitectura

La decoración del Salón Bach se distinguía por las molduras en los plafones y la parte superior de los muros, pero algo que lo caracterizaba eran los murales al fresco. Para su realización, el dueño del edificio acudió en 1930 a un joven brillante, un estudiante de arquitectura llamado Juan O’Gorman. Como él mismo recordaría, ésta sería su primera obra mural:

“[…] había una cantina denomina [sic] el Salón Bach. Allí me encomendó pintar varios frisos, murales al fresco con flores y motivos mexicanos decorativos, con leyendas alusivas a la venta de bebidas alcohólicas que allí se expedían. Los pinté con mucho agrado porque fue el primer fresco que ejecuté cuando todavía era estudiante de la escuela profesional.” (O’Gorman, 2007:81)


Fragmento del mural de O’Gorman en el Salón Bach. 
Fuente: Rodríguez Prampolini, Ida, Juan O'Gorman, arquitecto y pintor, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983.

Fragmento del mural de O’Gorman en el Salón Bach. 
Fuente: Rodríguez Prampolini, Ida, Juan O'Gorman, arquitecto y pintor, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983.

Habría que recordar además, que el dueño del inmueble en donde se encontraba el Salón Bach, había sido también su diseñador: el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, por lo que el nombre de esta edificación fue “Edificio Santacilia”. Se proyectó en 1925, y con él, su autor prueba por primera vez en su profesión el Art Decó (Garay, 1982: 60). El uso de abocinamientos en línea recta y el enmarcamiento estratégico y compositivo de algunos ventanales por medio del ochavamiento en las esquinas superiores, son elementos que distinguieron a este edificio. Al ser construido en su totalidad con concreto armado, tenía la singularidad de tener un enorme claro de 11 metros paralelo a la fachada, en cuyo interior se proyectó una planta libre en cada uno de sus 7 niveles para dar plena libertad de alojar oficinas.

Si bien, la planta de acceso la ocupaba el Salón Bach, en el primer nivel se encontraba el Muestrario de la Construcción Moderna, empresa por cierto, de Obregón Santacilia, dedicada a la promoción de herramientas, accesorios y materiales destinados a la construcción en aras de esa promesa llamada “modernidad”. En este nivel el entrepiso era mayor que los demás, permitiendo que en el amplio espacio se organizaran conferencias y exposiciones en donde se mostraba la nueva arquitectura que se estaba produciendo en el país (INBA, 1981: 53).


Fachada del Salón Bach. En el nivel superior se alcanza a leer “Muestrario de la Construcción Moderna. Fuente: Pérez Gay Rafael et al., Ciudad, sueño y memoria, México, Cal y Arena, 2013.

Fachada del Edificio Santacilia. 
Fuente: Pérez Gay Rafael et al., Ciudad, sueño y memoria, México, Cal y Arena, 2013.


Dos meses después del asesinato de Guty Cárdenas, el 20 de julio de 1932, el Muestrario, bajo la dirección de Obregón Santacilia, publicó una convocatoria en la que invitaba a arquitectos e ingenieros del Distrito Federal, a participar en un concurso para el proyecto y construcción de una Casa Obrera Mínima. Dicho concurso fue un parteaguas en la concepción de los espacios habitables que requería la creciente clase obrera mexicana, ya que no tan sólo fue de los primeros en su clase, sino también en donde se definió el programa arquitectónico necesario en aquel entonces, así como los procedimientos constructivos para la construcción de vivienda social en el país. El jurado estuvo integrado por el arquitecto Guillermo Zárraga, entonces director de Obras Públicas del Departamento Central del Distrito Federal; el arquitecto Carlos Obregón Santacilia director del Muestrario; un arquitecto representante de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos y un ingeniero representando al Centro Nacional de Ingenieros.

Los resultados de aquel concurso fueron:
Juan O’Gorman, premio Ex Aequo;
Augusto Pérez Palacios, Tercer lugar Bis;
Carlos Tarditti, Tercer lugar;
Enrique Yañez, Segundo lugar;
y Juan Legarreta, Primer lugar.

El premio consistió en la entrega de de $1,000.°° y en la construcción de esta vivienda experimental, en la colonia Moctezuma, sobre la calle Emilio Carranza. Fue así como el primer modelo de vivienda obrera moderna construida en serie, fue construida en la ciudad de México en 1932; y a través de su materialización, entre los años 1933 y 1934, se construirían las primeras dos colonias obreras modernas en la misma ciudad: la Colonia Aarón Sáenz en Balbuena y la Colonia Plutarco Elías Calles en San Jacinto (en los alrededores de lo que hoy se conoce como el Casco de Santo Tomás).


Lámina del Primer lugar del concurso de la Casa Obrera Mínima. 
Fuente: El Arquitecto , IIa Etapa, Vol. II, 1932, México D.F. Archivo de Arquitectos Mexicanos, Facultad de Arquitectura, UNAM.

Casa Obrera Mínima construida en la Colonia Moctezuma en 1932. 
Fuente: El Arquitecto , IIa Etapa, Vol. II, 1932, México D.F. Archivo de Arquitectos Mexicanos, Facultad de Arquitectura, UNAM.

El Salón Bach fue cerrado quizá por ese incidente, o porque el edificio fue modificado a los pocos años de haberse construido y posteriormente demolido. Sin embargo, hace unos cuantos años, se abrió un nuevo Salón Bach en el número 17 de la calle de Bolívar, en el centro de la ciudad de México. Su mobiliario y la decoración en general, me recuerdan aquella noche del 5 de abril de 1932.


Bibliografía


Ceballos, Ciro B, Panorama mexicano 1890-1910 (Memorias), México, UNAM, 2006.

De Mauleón, Héctor, “Bocas de púrpura encendida”, Revista Nexos, Sociedad, Periodismo y Literatura, México, septiembre de 2015.

Garay Arellano, Graciela de, La obra de Carlos Obregón Santacilia, Arquitecto, México, SEP-INBA, 1982 (Cuadernos de arquitectura y conservación del Patrimonio Artístico, 6).

Gonzaga y Armendáriz, Luis, “Cómo fue el asesinato de Guty Cárdenas, un ídolo”, UADY, Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán, octubre de 2006/marzo de 2007, volumen 21, número 239-240, pp. 44-61.

INBA, Testimonio Vivos. 20 Arquitectos, México, SEP-INBA, 1981 (Cuadernos de arquitectura y conservación del Patrimonio Artístico, 15-16).

Pérez Gay Rafael et al., Ciudad, sueño y memoria, México, Cal y Arena, 2013.

Rodríguez Prampolini, Ida, Juan O'Gorman, arquitecto y pintor, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983.

Visiones de La Habana. Memorias de una modernidad bicéfala.


La Habana es una ciudad muy peculiar por contener dentro de sí el peso de una memoria  que se niega a sucumbir y al mismo tiempo, una promesa incomprendida que permanece viva, como la dignidad de su gente cuando mira el horizonte desde el malecón.

La Habana es un museo vivo que paradójicamente no se ha museificado. En ella, aún se observan erguidas las viejas y arrogantes estructuras del pasado colonial, esas que recuerdan el antiguo monopolio comercial caribeño, el umbral del nuevo mundo y del tráfico mercantil, como una puerta con bisagra doble. En ella también perdura como dentadura vieja, la arquitectura decimonónica de la aristocracia, esa que la burguesía de principios del siglo XX abandona para conquistar la periferia en ese momento: Centro Habana, y poblarla con edificaciones que reflejaban sus más variadas y extravagantes pretensiones, el NEO así con mayúsculas, para completarlo con calificativos históricos como renacentista, colonial y barroco. Si bien, el Centro Histórico es abandonado por las clases altas, las bajas se lo apropian, en particular el proletariado urbano. El crecimiento de La Habana a fines del siglo XIX, comienza a segregarla, respondiendo a actividades cada vez más diferenciadas en torno a una función. Los cambios se acentúan con la modernidad. Centro Habana también es abandonada por la burguesía y se convierte en zona comercial. La burguesía, cuya naturaleza social es acumulativa e insatisfecha, se muda poco antes de mediados del siglo XX hacia Vedado y Miramar. Ahí se concentra la cultura y la maquinaria turística: casinos y hoteles, particularmente en Vedado. La especulación nada tardía y por demás creativa, recurre a la mejor fórmula de acumulación a través de la arquitectura: edificios de varios niveles, éstos delinean con soberbia a la ciudad. En ese momento se define un eje en torno a las disposiciones de la media y alta burguesía a lo largo de la franja marítima: una zona comercial que corre hacia el sur-oriente, pasa por hoteles y casas de lujo y remata en clubes marítimos privados. De esta manera, el mercado le imprime su propia morfología a la ciudad. Detrás de todo esto, la economía de un país por demás atrasado industrialmente y dependiente, manifiesta de forma cruenta sus contradicciones, hasta que a finales de la primera mitad del siglo XX, el globo de Batista revienta. La primera revolución socialista del tercer mundo (Paolucci, 2009: 156), transforma las relaciones sociales y por ende a la ciudad, las viejas edificaciones permanecen, pero cambian de funciones; lo que abandonó la burguesía esquizofrénica al huir del país, es aprovechado por los que no tenían nada qué abandonar. Cambian las leyes: los arrendatarios se vuelven propietarios y los procesos de desalojo son detenidos. Posteriormente el nuevo Estado, ya organizado y con una economía planificada, comienza la tarea de construir, de generar formas nuevas, utopías en algunos casos. La modernidad continúa su escarpada travesía en esta isla, en esta capital de texturas. La vivienda, la salud, la educación y el deporte, se vuelven cuatro ejes, cuatro mundos que se van reinventando en la isla. Posteriormente, la cruda experiencia muestra que el uso de tecnologías constructivas, económicas y eficientes es clave para responder históricamente a las necesidades materiales que no descansan, se multiplican. Y así La Habana se va volviendo memoria viva, porque contiene en sí “la sedimentación de numerosos destinos frustrados” (Duany, 2002).

La Modernidad cubana es bicéfala porque se manifiesta en dos tiempos distintos y muy cercanos, divididos y conectados por medio de un hecho que cambió la historia de la isla: la Revolución. El cambio del régimen de propiedad, provocó también un cambio en las prioridades constructivas del Estado, en las formas y contenidos; y sin embargo, todo ello se ha vuelto con el tiempo, una sola herencia, un presente constante que huye de sí mismo para regresar al mismo sitio.

Este análisis de La Habana es en sí, el recuerdo de un foráneo con la intención de comprender que toda forma y contenido, tiene una estrecha relación con un tiempo y lugar determinados, con una cultura y sociedad en particular, y que a pesar de que son relaciones fuertes e inquebrantables, éstas cambian y se regeneran, mutan y continúan, tal y como sucedió después de la Revolución.

Modernidad pre-revolucionaria

Los países latinoamericanos tienen en común el atraso industrial, sin embargo, en cada uno de ellos se generan diversas particularidades que guardan una estrecha y compleja relación con sus propias sociedades y cultura. Tomando en cuenta una sociedad dividida en clases sociales, en donde la clase dominante impone y reproduce sus propias características a la cultura; pero a su vez, ésta es dependiente y tiene aspiraciones de las clases dominantes de los países desarrollados, suele importar elementos culturales y en algunos casos con éxito, apropiándoselos, aunque a destiempo. Esto sucedía en Cuba antes de la segunda mitad del siglo XX, y así fue como la burguesía cubana en los años cuarenta, importa los movimientos culturales internacionales que habían surgido en Europa casi dos décadas antes. Esta importación está directamente relacionada con el crecimiento de La Habana, ya que se dio se forma descontrolada, respondiendo a las dinámicas del mercado inmobiliario.

El uso de la arquitectura moderna durante la década de los años cuarenta se puede conjuntar en cuatro grandes rubros:

1. Cultura y Entretenimiento.
2. Comercio.
3. Arquitectura de altura o especulación.
4. Arquitectura doméstica para clase media y media alta.

Las formas a las que se recurre son las internacionales, en particular:

1. Art Decó.
2. El lenguaje Moderno. Aunque propiamente es internacional, su tropicalización o apropiación a un clima y una región particular, le imprimió una identidad peculiar. Los recursos formales para ello son:

- Uso de doble fachada por medio de celosías.
- Cornisas de grandes proporciones para crear sombras.
- Balcones resaltando bandas horizontales para crear sombras, áreas de ventilación y asoleamiento.

1. Cultura y Entretenimiento.

Imagen 1. Cine Arenal. Ubicado en el barrio Playa de La Habana sobre la Avenida 41 entre Calle 30 y 34, frente al reparto Kholy, está ubicado en una zona que fue urbanizada alrededor de la segunda década del siglo XX para albergar a los últimos reductos de la aristocracia cubana y posteriormente a la alta burguesía. El cine fue inaugurado en 1945 y presenta una fachada Art Decó tardío, que remata en la parte superior con un escalonamiento en torno a un eje simétrico.

Imagen 1. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.

Imagen 2 y 2a. Uso de grandes cornisas. Teatro Rodi, hoy Julio Antonio Mella. Ubicado en Calle Línea # 657 entre A y B, Vedado, municipio Plaza de la Revolución, originalmente fue el Cine Teatro Rodi, inaugurado en 1952, siete años después del Cine Arenal. A pesar de que no los separan muchos años, es evidente la diferencia del lenguaje arquitectónico entre los dos edificios, el teatro Mella pertenece a una arquitectura internacional que si bien, ya no era
nueva en Europa, sí correspondió a un movimiento de vanguardia. La “arquitectura moderna” abandona la simetría y recurre a elementos que acentúan la horizontalidad. La tipología arquitectónica para estas actividades recurrían al uso de tipografías a escala urbana, por lo cual, la arquitectura preparaba grandes extensiones de muro para ello.

Imagen 2. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.

Imagen 2a. Autor de la fotografía: Desconocido.

2. Comercio.

Imagen 3. Uso de doble fachada con celosías. Galería Galiano. Está ubicada en la esquina de las calles de Galiano y Concordia en Centro Habana. Galiano fue una de las calles comerciales más importantes durante gran parte de la primera mitad del siglo XX. Este edificio fue un almacén pionero en su tipo en  la Habana, porque contaba con una rampa en espiral para autos que llevaba al estacionamiento, ubicado en la azotea. Es muy representativo de la modernidad porque su
lenguaje rompe radicalmente con el contexto histórico inmediato. El uso de la celosía en el perímetro de la fachada, recuerda al estacionamiento en la calle de Gante, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, que hiciera José Villagrán en 1951. Se desconoce la fecha exacta de su construcción, pero por haber integrado a su diseño rampa para autos, se sospecha que haya sido durante la primera mitad de la década de los años cincuenta.
 
Imagen 3. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.

Imagen 3a. Estacionamiento Gante, Centro Histórico de la CDMX. Autor de la fotografía: Desconocido.

Imagen 4. Uso de grandes cornisas. Edificio Asnuru. Si bien es de uso mixto, este edificio de los años cincuenta, contiene una planta baja de gran altura dedicada en su totalidad al comercio. Anteriormente a la Revolución, fungió como restaurante. El volumen paralelepípedo superior, da la impresión de estar flotando por el arriesgado volado que sirve como marquesina para dar sombra.

Imagen 4. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.

3. Arquitectura de altura o especulación.

Imagen 5, 5a, 5b, 5c y 5d. Uso de grandes cornisas, balcones y dobles fachadas. Skyline. Como en toda economía capitalista, los edificios de varios niveles se construyeron en zonas donde el valor del suelo estaba por arriba del promedio. Aprovechando los avances técnicos a su disposición, los inversionistas mandaron a construir varios edificios de gran altura sobre el eje que estaba previsto en la década de los
años 50, para unir Miramar y Playa, con las zonas turísticas y comerciales al borde del malecón hasta Vedado. La mayoría de estos edificios carecen de atributos arquitectónicos, ya que su diseño se basó en generar metros cuadrados de piso, por sobre alguna cualidad arquitectónica, ya sea habitacional, plástica, ambiental, técnica, urbana, etc.

Imagen 5. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 5a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 5b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 5c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 5d. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 6, 6a y 6b. Uso de grandes cornisas, balcones y dobles fachadas. Edificio del Seguro Médico. Se ubica en la calle 23 esquina con N, en Vedado. Su autor es uno de los mejores arquitectos cubanos del siglo XX: Antonio Quintana, quien decidió quedarse después de la Revolución, y participó en la construcción del país haciendo vivienda y otros proyectos. En lo que respecta a éste, se construyó en 1957; el cuerpo que sirve de basamento tiene 4 niveles, en los cuales de ubican salones de actos, las oficinas del Seguro, hemeroteca y oficinas del Colegio Médico de La Habana; el volumen superior, tiene 19 niveles con 3 departamentos por nivel: dos con un par habitaciones y otro apartamento con una sola habitación.

 Imagen 6. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 6. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Imagen 6b. Fotografía del edificio del Seguro Médico antes de la Revolución. 
Autor de la fotografía: Desconocido. 

4. Arquitectura doméstica para clase media y alta.

Imagen 7 - 7i. Este rubro contiene una gran riqueza tipológicca y paradójicamente también es producto de la especulación inmobiliaria; sin embargo el grado de inversión es menor por tratarse de departamentos destinados a estratos medios. La cantidad de niveles permite a los arquitectos experimentar con texturas, formas y colores sin rozar lo agresivo; además les permite llegar a resultados más habitables por tratarse de edificios que albergan a menos familias y que pueden aprovechar más las ventilaciones y las propiassombras que genera una morfología más flexible y con menor altura para evitar la penumbra casi total. Las edificaciones cuyas colindancias dan a otras, se dejan libres, para permitir la ventilación desde las medianeras. La individualidad otorgada a los arquitectos por estas tipologías, ha aportado en algunos casos, elementos que han enriquecido la cultura arquitectónica de la Habana, los cuales se pueden observar en los balcones, en las esquinas, en los remates superiores, en las celosías empleadas, etc., cualidades que le dan identidad a cada uno de estos edificios.

 Imagen 7. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

  Imagen 7a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

  Imagen 7b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

  Imagen 7c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.  

  Imagen 7d. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.  

   Imagen 7e. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.  

   Imagen 7f. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

   Imagen 7g. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

 Imagen 7h. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

 Imagen 7i. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

En 1954 se formula la Carta de La Habana, retomando la del CIAM (la Carta de Atenas) de 1935. Este hecho contradictorio en sí mismo, implicaba segmentar a la ciudad por funciones, pero también representaba una crítica a la falta de planificación urbana de La Habana, la cual había crecido según los designios de la especulación inmobiliaria. Cuatro años antes de la Revolución, la dictadura de Fulgencio Batista decretó una ley (Ley de Planificación Nacional) con la que se creaba la Junta Nacional de Planificación, misma que un año después contrataría al despacho Town Planning Asociates, en donde trabajaba José Luis Sert, entre otros arquitectos y urbanistas (Ponce, 2007). De las propuestas que se hicieron, es menester recordar la creación de una ciudad alterna o satélite, llamada “La Habana del Este”, la cual manejaba una segmentación basada en cuatro funciones:

1. Zona Industrial.
2. Zona Comercial.
3. Zona Residencial.
4. Zona de Oficinas.

Sin embargo, las condiciones materiales de la población cubana contradecían aquellos planes. Fue así, que en 1959, después de múltiples enfrentamientos y muertes, la Revolución gana y supone un cambio de paradigma.

Modernidad revolucionaria

En enero de 1959 se consuma la Revolución Cubana, la gente sale a las calles y con júbilo da muestras de apoyo a los “barbudos”, las calles están llenas, en ellas se vive un ambiente festivo, saben que lo que sigue es distinto, difícil, oscuro; ya habrá tiempo de preocupaciones, enero es para festejar...

El carácter de un Estado se puede vislumbrar por el régimen de propiedad. En el caso de Cuba, inmediatamente después de derrocar a Batista, fueron promulgadas las primeras leyes que lo definirían. En cuestión de posesión del suelo y la vivienda, las primeras leyes cesaron los procesos de desalojo y las demandas de desahucio; y prohibieron la venta forzosa de terrenos urbanos para combatir la especulación (Treffiz, 2011). Dos años después, las viviendas en renta pasaron a ser propiedad de los arrendatarios, todo ello mediante un fondo con el que el Estado indemnizaba a los arrendadores; además de prohibir cualquier forma de alquiler de vivienda, dejando autorizada sólo la permuta de viviendas con valor semejante.

Para la reconstrucción del país, el nuevo gobierno se basó en cuatro ejes fundamentales que redefinieron los usos en la arquitectura:

1. Salud.
2. Educación.
3. Vivienda.
4. Deporte.

La materialidad en la que se manifiesta cada uno de estos ejes, produjo una gran variedad de formas nuevas, que buscaban ser congruentes desde su propio lenguaje, con las nuevas condiciones sociales y económicas. Sin embargo, todas estas formas fueron continuidad del pensamiento moderno, positivista; sólo que en un régimen de propiedad distinto, y eso permitió que todo lo nuevo que se construyera, fuera distinto a lo anterior.

Se vislumbran dentro de la nueva morfología, tres lenguajes distintos:

1.Brutalismo o Megaestructuras.
2. Utopía Sinuosa.
3. Compacidad Tropicalizada o Regionalismo Moderno.

Sobre estos lenguajes se reconstruyó al país; algunos de ellos mutaron hasta la actualidad, otros no pudieron continuar por ser incosteables y otros tampoco por razones ideológicas; sin embargo, dejaron una valiosa huella. Por esta razón, creo menester acudir a una “taxidermia” arquitectónica basada en la morfología en este caso, porque el lenguaje se diversificó, no por ello se debe olvidar que los usos también cambiaron.

1. Brutalismo o Megastructuras.

En este rubro arquitectos e ingenieros, recurrieron a los avances técnico-constructivos para generar grandes estructuras prefabricadas y sistematizar el proceso constructivo. Los resultados fueron interesantes sobremanera, pero por ser las propuestas muy ambiciosas, esta morfología dejó de usarse. Los casos más emblemáticos son los siguientes.

Imagen 8 - 8d. Edificio Giron. Está ubicado frente al malecón entre las calles E y F, sitio que  antes de la Revolución estaba destinado como “eje” para las clases altas. Fue construido en 1967 y diseñado por Antonio Quintana y Alberto Rodríguez. El sistema construido fue a base de moldes deslizantes combinados con un sistema postensado en las estructuras horizontales.

Esta estructura se basa en dos edificios de 17 niveles cada uno dispuestos paralelamente de forma escalonada en planta y unidos por cuatro megacolumnas que sirven a la vez para ubicar elevadores que se conectan a una circulación vertical a cada cuatro niveles; estas circulaciones son grandes bloques prefabricados que sirven para unir estructuralmente los dos edificios a un elemento intermedio que sirve como “columna vertebral”.

Estos edificios mantienen la planta baja libre, siguiendo con el lenguaje moderno y por tener un sistema constructivo complejo en cuanto a la forma, se generan espacios comunes muy peculiares con circulaciones que permiten la comunicación entre los dos bloques.

Cabe recordar que este proyecto se hizo de forma experimental y requirió de un gran equipo de arquitectos e ingenieros, por lo que su costo resultó elevado. Sin embargo la experiencia quedó para la posteridad, el edificio en la actualidad, a pesar de no haber  tenido mantenimiento en muchos años, continua funcionando, con todo y elevadores.

 Imagen 8. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

 Imagen 8a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

  Imagen 8b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

 Imagen 8c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

Imagen 8d. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

2. Utopía sinuosa.

La arquitectura que se hace en algunas zonas costeras de latinoamérica comparten la peculiaridad de una morfología sinuosa. Estas características se encuentran en esta arquitectura, sin embargo en este caso surgieron con la fuerza y auspicio que dio la revolución. Es de lamentar que la estética “realista” impuesta por el antiguo estado obrero de la desaparecida U.R.S.S., censuró esta estética, argumentando que no era representativa del proletariado y demás clases bajas, de esta manera se detuvo el camino de un lenguaje plástico propositivo y regional.

Imagen 9 - 9c. Escuela Nacional de Arte. Se construyó en 1962, en lo que anterior a la Revolución había sido el campo de golf del exclusivo Country Club. Se conforma por cuatro escuelas: Artes Plásticas, Danza, Teatro y Música, sin embargo son las primeras tres las que presentan esta morfología sinuosa.

El proyecto es obra de los arquitectos Ricardo Porro, Vittorio Garatti y Roberto Gottardi, quienes basaron su diseño en plantas orgánicas para generar distintas vistas, siempre sorpresivas, y un microclima por el uso de celosías y otro tipo de ventilaciones como patios centrales y pasillos perimetrales cubiertos que conectan a las diversas estructuras con las que se compone el conjunto. Una de sus características es que el conjunto en su totalidad recurre al suso de bóvedas catalanas con algunas variaciones. Cada escuela es distinta entre sí, por razones de uso, y por lo tanto morfología cambia en cuestión de alturas y vacíos.

 Imagen 9. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

  Imagen 9a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

  Imagen 9b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

  Imagen 9c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

Imagen 10 - 10c. Parque Deportivo José Martí. Se encuentra frente al malecón, entre las calles G e I. Se construyó en 1960, producto de una remodelación y ampliación hecha por el arquitecto Octavio Buigas. Cuenta con un gimnasio, un conjunto con piscinas, un estadio con capacidad para 3150 personas, área infantil y canchas deportivas de basquetbol y vóleibol al aire libre. Este conjunto deportivo se distingue por sus grandes cubiertas de cascarón de concreto, cuya geometría repetitiva genera patrones orgánicos que le aportan gran estabilidad estructural.

El conjunto está orientado de tal manera que reciba la brisa marítima y refresque los espacios semiabiertos o techados. Sin embargo esa razón obliga a darle mantenimiento constante, lo cual no se ha hecho desde la década de los años noventa, por los graves problemas económicos a los que se enfrentó Cuba después de las contrarrevoluciones de los países “socialistas” de Europa del Este y la Ex-U.R.S.S., que junto con el embargo económico, obligaron a la isla a optimizar sus recursos. En la actualidad este conjunto está semiabandonado, siendo el área de las piscinas la que mayor destrucción ha experimentado.

  Imagen 10. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

  Imagen 10a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

 Imagen 10b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

 Imagen 10c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

3. Compacidad tropicalizada.

El concepto de compacidad habla del uso de geometrías básicas como estrategia proyectual  ya sea en planta o alzado. La mayoría de la arquitectura moderna recurrió a ello, sin embargo al conjuntarlo con el concepto de tropicalización, se hace referencia a una interpretación regional muy particular de una cultura no occidental. La riqueza resultante de ello complejiza la sencillez, sin perder en lo general la morfología básica. En La Habana hay muchos ejemplos, pero sólo se recurrirá a dos de ellos por la importancia que tuvieron históricamente en su momento.

Imagen 11 - 11c. Reparto Camilo Cienfuegos, Habana del Este. Retomando el proyecto que se había suspendido antes de la Revolución, se decidió darle continuidad pero ahora con una sola prioridad: vivienda para la población. Se tomó a la célula vecinal como unidad básica para la composición proyectual, lo que fortaleció la idea de generar súpermanzanas, para favorecer la vida comunal al interior de éstas.

El conjunto cuenta con equipamiento como guarderías, primarias y secundarias; salones de usos múltiples, centros de salud, administrativos,comerciales y áreas deportivas, para cubrir las necesidades habitacionales de 8000 personas en un total de 1306 viviendas y 95000 m2 de áreas verdes. Las tipologías que conforman al conjunto, van de los 4 a los 11 niveles, formando una estructura de 7 grupos residenciales con 200 viviendas aproximadamente.

Si bien se diseñó este proyecto en torno a súpermanzanas y a las afueras de La Habana, cuando se entregaron estas viviendas, en 1962, sólo el 2% de sus habitantes poseían auto. Un problema en esta unidad habitacional es que el trazo de los andadores es muy rígido, por lo que la gente ha preferido hacer sus propios caminos, dejando veredas que reflejan la distancia que existe entre el proyecto de circulación peatonal y la realidad.

 Imagen 11. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

 Imagen 11a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.     

 Imagen 11b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

 Imagen 11c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

Imagen 12 - 12d. Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría. José Antonio Echeverría fue un estudiante de arquitectura y líder revolucionario, sin embargo fue asesinado durante el asalto al Palacio Presidencial en marzo de 1957. Con el triunfo de la Revolución, el nuevo gobierno decidió hacer una gran ciudad universitaria que conjuntara las ciencias técnicas que le urgían al país para su reconstrucción, de esta manera, en 1964 se inaugura este complejo educativo con seis carreras: Ingeniería Civil, Eléctrica, Industrial, Mecánica, Química y Arquitectura, dispuestas en un conjunto con cuarenta edificios sobre un área de 398 000 m2.

Son siete los edificios de mayor altura, que oscila de los 5 a los 7 niveles dependiendo de la topografía, ya que hay una pendiente hacia el oriente, lo que permite que el trazo rígido de la planta arquitectónica, se enriquezca con las diversas alturas que se crean en las plantas bajas de los edificios. Como la orientación es norte-sur los edificios de mayor altura cuentan con varios paños de fachada que son divididos por los entrepisos, lo que crea una gran tonalidad de sombras.

La relación entre cada edificio se da por medio de plazas que permiten el descanso, asoleamiento y comunicación entre los estudiantes. Al ser libres las plantas bajas, permiten que el área libre se duplique, en estas zonas, por lo que también se convierten en plazas.

Un inconveniente es el tema de la accesibilidad, ya que para alguien en silla de ruedas o algún otro problema que no le permita usar las escaleras, le será muy complicado acceder a todos los servicios.

 Imagen 12. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

 Imagen 12a. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.    

  Imagen 12b. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez.   

   Imagen 12c. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

   Imagen 12d. Autor de la fotografía: Israel Meneses Vélez. 

Epílogo

El régimen de propiedad es un elemento determinante en la producción arquitectónica. Como se pudo ver en este escrito, el antes y el después de la Revolución Cubana se nota por el tipo de edificios al que el Estado le da prioridad. Antes de ella, por ejemplo, era la arquitectura de la especulación y los edificios que resguardaban actividades de entretenimiento los que tenían las facilidades para construir. Si bien, no las construía el Estado, éste promovió la venta del suelo. En una economía dependiente y débil, los inversionistas sólo podían ser los provenientes de los países más desarrollados, que por la cercanía y la relación histórica, eran los Estados Unidos. La arquitectura en ese periodo se caracterizó simplemente por el uso del lenguaje en boga, que sin embargo, hay ejemplos extraordinarios de ello por toda La Habana. Fue la arquitectura doméstica la que permitió a los arquitectos explorar con texturas, colores y otros elementos físicos para darle identidad a la modernidad cubana.

Con la Revolución, la prioridad del gobierno fue social, y de ahí que la arquitectura que tuviera todo su respaldo fuera la Vivienda social, la Salud, la Educación y el Deporte. Cuba fue un semillero de utopías que lamentablemente desaparecieron no por un fracaso como tal, sino porque o por el momento no había las condiciones materiales para continuar esos proyectos o por una cuestión de índole ideológico-político que la frívola y lejana U.R.S.S. con su estado obrero en deformación no pudo entender. Sin embargo estos ejemplos deben de reestudiarse, desde una perspectiva contemporánea, ya que como decía Andreas Huyssen: “[…] la nueva narrativa de las modernidades alternativas tal como se discute en el ámbito de la antropología y de los estudios poscoloniales [es] lo que nos hace mirar atrás, hacia las variedades del modernismo anteriormente excluidas del canon euroamericano como derivativas e imitativas y, en consecuencia, como inauténticas” (Huyssen, 2010: 25-26).

Cuba ha tenido varios cambios económicos en la actualidad, uno de ellos es el decreto por el cual una persona ya puede a cuenta propia vender y comprar una vivienda. Si bien, puede ser un incentivo para generar mayor movimiento económico y mejor cuidado de las viviendas, también puede ser una herramienta de doble filo al abrirle una ventana a la especulación. En lo personal, espero no suceda.


Bibliografía


DUANY, Andres Foreward. In Havana. Two Faces of the AntilleanMetropolis. Eds. Roberto Segre, Mario Copula e M. Scarpaci, New York, 2002.

HUYSSEN, Andreas, Modernismo después de la Modernidad, gedisa, Buenos Aires, 2010.

MUÑOZ Hernández, Rusian y ZARDOYA Loureda, Maria Victoria, “Las ‘Casas de Pastorita’ en La Habana”, Arquitectura y Urbanismo, vol. XXXVII, N° 1, enero-abril, Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, La Habana, 2016, pp. 37-50

PAOLUCCI, Gabriella, en Lorini, A. y D. Basosi (eds) Cuba in the World, the world in Cuba. Essays on Cuban History, Politics and Culture, Firenze University Press, Italy, 2009.

PONCE Herrero, Gabino, “La ‘Ciudad Moderna’ en La Habana”, Investigaciones Geográficas, N° 44, Universidad de Alicante, 2007, pp.126-146.

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